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Economía

Me encantan los estereotipos

¡Me encantan los estereotipos! Y es que todo el mundo sabe que toda leyenda tiene parte de realidad. En concreto, me viene a la cabeza la maravillosa imagen del prototipo del españolito de a pie. Sí, ese hombrecillo que no perdona la siesta nunca por nada del mundo y que tiene más fiestas y festivos que el resto de la humanidad. Vamos, que vive mejor que quiere y que se dedica constantemente a las juergas.

Me gusta porque así nadie se entera de que la media en la zona euro de horas semanales de trabajo es de 39,7 y la nuestra de 41. Shhhhh, será nuestro secreto.

Además por lo que saben los demás nuestros calendarios están llenos de festivos y vacaciones. Menos mal que no saben que nuestra media de vacaciones es la más baja de toda Europa (incluso nuestros nuevos amiguitos europeos del Este). Bueno, siempre tendremos el recurso de mirar a Letonia y Lituania que son los únicos que tienen una media más baja de toda la zona euro.

Pero bueno, no importa porque en realidad nuestro sueldo no tiene que ser malo. Después de todo para pagar tantas horas de juerga con amigos y familiares se tiene que sustentar en un buen colchón...................

Por eso me encantan los estereotipos. Por favor, guardad el secreto de que nuestros sueldos tienen una media mensual de 1900 € brutos. No lo contéis porque la media, por ejemplo la alemana, está en 3000 €, o la de nuestros amigos franceses (2600€) o italianos (2300€).

Pero bueno, sigue sin importar porque nuestros precios son más bajos. Ah, no, que no son más bajos, son iguales….. o peores. Bueno pero ya sabéis, “España va bien”……… Ah! ¿Qué no?¿¿tampoco??  ¿¿¿¿¿Que el valor real de las remuneraciones medias cae a un ritmo del 0,7% según el Euroíndice Laboral IESE-Adeco.??????? Bueno no pasa nada, lo compensaremos con horas extras, ya sabemos que hay que buscar la conciliación con la vida familiar pero…. ¿ah, que ya las hago pero no me las pagan?????? Bueno, menos mal que los demás no lo saben, no haremos mucho ruido, así nadie se entera.

Por suerte las dos horas que me quedan de vida personal al día las disfrutaré en mi hermosa casita.

Pues no, tampoco.

 Me voy a mi piso de 45 m cuadrados, que será mío en 50 años de lo que me ha costado. Pero esto no se lo contéis los alemanes, que con 180, 200.000€ se compran una casita de dos plantas, con un pequeño jardín y cerca del centro.

 

Como decía, me gustan los estereotipos, porque si alguien más se entera de lo bien que vivimos aquí, nos van a querer imitar. Por envidia más que nada. Pero bueno ya confío en que todos seamos discretos. Seguro que pensamos más o menos igual porque ya veo que tenemos cuidado de no armar mucho escándalo.

Un chiste sobre economistas

 

Hola a todos!

 Sólo tengo un chiste que aportar a tan insigne blog (espero estar a la altura):

 "Son dos economistas teóricos del mercado eficiente que pasean por el campus de la universidad. En esto que un billete de 500 €, que viene volando empujado por el aire, aterriza a su paso. Los economistas -minesotos, probablemente-, ignoran el billete y siguen caminando. Pocos metros más adelante, uno le dice a otro <... si aquel billete existiera realmente, alguien ya lo habría cogido>.

Sin otro particular,

Paco

"Libertas perfundet omnia lucem"

  

El idílico "altermundo" de la antiglobalización

Jaime era un ferviente detractor de la globalización económica, y estaba lleno de buenas intenciones. Quería erradicar la pobreza en África, era un consumidor responsable e intentaba comprar productos del llamado "comercio justo" siempre que tenía ocasión. Iba a cuantas manifestaciones antiglobalización podía, en pro de sus buenas intenciones.

Lo que Jaime no sabía era que las buenas intenciones no lo son todo.

Una tarde, después de una manifestación contra la globalización, Jaime volvió a casa, cenó y miró un rato la televisión. Al cabo de un rato se fue a dormir. Y esa noche soñó: soñó con su mundo idílico.

En el sueño, él se despertaba en un mundo con fuertes controles en el movimiento de capitales y mercancías. McDonalds era una multinacional que sólo operaba en Estados Unidos y Europa, y los índices de comercio internacional eran muy bajos, puesto que éste tipo de comercio estaba dantescamente gravado.

Jaime encendía la televisión y veía la MTV; cambiaba de canal para ver si decían algo del tercer mundo pero en ningún canal aparecía nada. Finalmente vio uno donde daban las noticias. Tenía ganas de comprobar cómo era el tercer mundo sin ninguna influencia globalizadora.

La primera noticia que vio era un pueblo del sur de África donde se informaba de la terrible pobreza que asolaba el país entero. Salía una entrevista a un productor agrícola local, y le preguntaban:

- ¿Por qué no intentan ustedes, los productores, dar trabajo a esta gente?

- ¿Dar trabajo a toda esta gente? ¿Con la bajísima producción que tenemos? Ahora mismo tengo empleados a veinte trabajadores, y me temo que tendré que despedir a cinco el año que viene porque empieza a preocuparme el excedente que, evidentemente, no puedo vender.

- ¿No puede venderlo?

- No. Aquí la gente no tiene dinero para absorber tanta producción. No me queda más remedio que ir al mercado internacional, donde me lo arrebatarían de las manos (me consta que tienen un mercado agrícola muy poco competitivo), pero me pedían unas cuotas impensables. Los malditos aranceles.

- ¿Entonces, en qué pueden trabajar los ciudadanos de aquí?

- En casi ningún sitio, pues no hay nada que producir. El excedente aquí es una maldición. Por mucho que nos especialicemos y por muy competitivos que nos hagamos, nunca podremos vender a Europa y EEUU, los clientes que más necesitamos.

- ¿Es cierto que siete de sus trabajadores son menores de diez años?

- Sí. Pero me temo que tendré que despedirlos en breve. Una ONG presionó al gobierno para que sancionara duramente el trabajo infantil y lo cierto es que no quiero enfrentarme a una multa. Como tengo que despedir algunos trabajadores, ellos serán los primeros.

 ¿Así podrán ir a la escuela?

- ¿Qué escuela? Sus padres dejarán de recibir el salario del hijo. No creo que puedan permitirse que vayan a la escuela.
Jaime apagó el televisor. Estaba horrorizado. El sueño se estaba convirtiendo en una pesadilla.

Y despertó.

Lo primero que hizo fue conectarse a Internet, y al recibir el correo, vio un mensaje con el siguiente asunto:


"FW: Firma una petición para abolir las subvenciones agrícolas! Por una globalización completa"

No tardó más de un minuto en apuntarse.